Economía colaborativa y multa a Blablacar.

Una lamentable persecución de la economía colaborativa.

Respecto a la reciente multa de la Comunidad de Madrid a Blablacar, es verdaderamente lamentable que las autoridades persigan a las iniciativas de economía colaborativa, en vez de fomentarlas; como deberían hacer por el bien de sus ciudadanos.

Hemos estudiado a fondo el tema y debemos aclarar qué es y qué no es una verdadera economía colaborativa, y la ética que subyace bajo estas plataformas.

Aunque se presentaban como economía colaborativa, al final, UberPop resulta ser un negocio muy lucrativo que explota a gente que se ha quedado sin empleo, a la que dicen que se puede ganar la vida con su coche; pero que cuando hacen la cuenta de lo que se les deprecia el coche, y lo que gastan en combustible, cambio de ruedas y aceite, solo les queda el 18% de los beneficios para pagar su trabajo (que, además, no está reconocido como tal), mientras que Uber y los fondos de capital-riesgo que lo financian se quedan con el resto.

La reflexión es: “Si pueden hacer exactamente lo mismo que un taxi, a menor precio para el cliente, y encima tener un negocio lucrativo… están haciendo trampa por algún lado”.
Lo único bueno que tiene UberPop, es su capacidad para hacer disponibles nuevas plazas de transporte en momentos en que los medios tradicionales se ven desbordados pero, con el “price surge”… ¡a qué coste!

Uber explota a gente desempleada, mientras que Blablacar es colaborativo y eficiente

La filosofía de Blablacar si que es colaborativa: Aprovechar para llevar más gente en los asientos libres de alguien que tiene que viajar de todos modos y, en vez de tirar el dinero yendo solo, varios viajeros comparten los menores gastos de mover un solo coche.

Es muy eficiente en cuanto al uso de energía y recursos; pero tiene un punto débil:
Tal como está diseñado el funcionamiento de la plataforma, es el conductor quien pone el precio que quiere cobrar por cada asiento, y esto da opción a la picaresca:
Alguien (que no tiene que ir a Valencia para nada), podría hacer dos viajes al día, de ida y vuelta con una furgoneta llena de pasajeros, y ganar dinero con ello.

Mejorando el modelo, con un coste fijo por kilómetro a dividir entre todos (conductor incluido)

Estamos intentando mejorar este modelo para solucionar los problemas de contaminación y de transporte urbano (puedes ver cómo en la web DedoCar). Queremos aprovechar bien los millones de plazas que llevan vacías nuestros coches, cuando nos movemos por la cuidad en hora punta.
Y también queremos repartir equitativamente los beneficios de viajar juntos. Por eso, no será cada conductor el que ponga un precio, sino que vamos a establecer un coste fijo por kilómetro recorrido, y lo vamos a dividir entre todos los ocupantes del coche, incluyendo al conductor, que nunca podrá ganar dinero, sino tan solo recuperar una parte de los gastos que ha pagado por adelantado (puede que más del 75%, que no es poco).

Solucionando las trabas legales para poder arreglar problemas serios.

Así, conseguiremos que ningún estamento establecido, ni ninguna autoridad de mentalidad retrógrada, puedan esgrimir argumentos legales para atacar a una comunidad de usuarios que, mientras va de camino al trabajo o de vuelta a casa, se organiza para usar sus coches de manera más eficiente, quitando contaminación, atascos de tráfico y problemas de aparcamiento (cosas que nos vendrán bien a todos los habitantes de la ciudad, incluso a quienes no viajen, o lo hagan por otros medios).

Y quién sabe… si muchos dejamos de ir por tantas ciudades superpobladas cada uno en su propio coche, hasta puede que este cambio de comportamiento de los ciudadanos hacia una movilidad más sostenible, sirva para solucionar el cambio climático antes de que ya no tenga remedio. Ojala que lo consigamos pronto, porque estamos batiendo continuamente los records de CO2 en la atmósfera.

Cómo financiar las iniciativas sociales, para que ganen los ciudadanos

Finalmente, apreciamos que muchas buenas iniciativas sociales son perseguidas por los poderes establecidos y, las que se sufragan mediante rondas millonarias de financiación aportadas por fondos de capital riesgo, se acaban pervirtiendo y derivando hacia las grandes fortunas unos beneficios que deberían ser para la gente que se esfuerza en participar en las plataformas de consumo colaborativo.

Por eso (siempre que se pueda) es mejor financiar los desarrollos de las plataformas colaborativas con fondos públicos dotados por gobiernos progresistas o, en su defecto, mediante muchas pequeñas aportaciones de sus futuros usuarios, lo que se denomina crowdfunding.

Tal como dice Robin Chase: “Si los gobiernos no lo hacen… la gente lo hará”.

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